El enemigo invisible

Triste o victoriosa, la noche del 29 al 30 de junio había sido moralmente devastadora para los españoles. Al tiempo que Cortés lamentaba sus bajas y se replegaba hacia Tlaxcala, en Tenochtitlan había un ánimo de gloria: el ejército invasor no era invencible, y Cuitláhuac, el nuevo tlatoani, estaba dispuesto a continuar con los embates.


Lo que el pueblo mexica, entre celebraciones, ignoraba, era que un enemigo invisible había comenzado su asedio. La viruela, enfermedad contagiosa que se manifiesta con ámpulas o sarpullido, había descendido de los barcos españoles y se extendía por toda Mesoamérica, atacando principalmente a los adultos jóvenes.


Cuitláhuac pasaba de los cuarenta años cuando de manera decidida se convirtió en líder de su pueblo. La noche de la victoria había confirmado sus aptitudes militares; pero mientras el ejército español se recuperaba en Tlaxcala, el tlatoani cayó víctima de la viruela. El ánimo de la población mexica, sin defensas contra la nueva enfermedad y sin dirigente, se vino abajo.

Viruela, imagen basada en el Códice Florentino.

Ecos del mundo

¿Qué pasaba al mismo tiempo en otras partes del mundo?

  •  El 30 de septiembre de 1520, Solimán I, apodado “El Magnífico”, es nombrado sultán del Imperio otomano. Bajo su mando, los otomanos conquistarán Belgrado (actual capital de Serbia), Rodas (isla griega), Hungría, Argelia, Túnez y gran parte de Medio Oriente.
  •  El 10 de diciembre de 1520, Martín Lutero quema la bula Exsurge Domine por la que había sido condenado por el papa. Este acto le valió la excomunión.
  • Hacia finales de 1521 y principios de 1522, fray Bartolomé de las Casas intenta colonizar pacíficamente algunos territorios de la actual Venezuela. Durante una ausencia momentánea del fraile dominico, la misión se sale de control y es atacada por los indígenas, quienes se defendían de ser capturados.
  • En 1521, durante una expedición a La Florida, el conquistador Juan Ponce de León es herido por una flecha que le ocasionó la muerte al poco tiempo.
  • Ese mismo año, el marino español Juan Sebastián Elcano completa la primera vuelta al mundo realizada en globo.
  • Alberto Durero, famoso artista alemán, pinta en 1521 algunas de sus obras más importantes. De ese año data el Retrato de hombre, que se exhibe en el Museo del Prado, en Madrid, España.

Retrato de hombre, de Alberto Durero (1521).

El águila que cae

Cuauhtémoc, imagen basada en el Códice Cozcatzin.


En un panorama devastado por la guerra y la epidemia, los principales señores de Tenochtitlan nombraron a un joven de veinticinco años, sobrino de Moctezuma, como nuevo tlatoani. Cuauhtémoc, cuyo nombre significa “águila que cae”, tomará el mando del ejército mexica.


Ante dos opciones, someterse o luchar, el joven tlatoani optó por la segunda, y comenzó a organizar la resistencia. Tenochtitlan había dejado de ser la ilustre ciudad para convertirse en un fortaleza, en un campo de guerra activo día y noche. Cada día llegaban nuevos guerreros, se construían canoas y se concentraban las cosechas.


Al mismo tiempo, Cuauhtémoc emprendía estrategias para sumar más aliados a su causa. Respondieron a su llamado combatientes acolhuas, tlahuicas, así como guerreros de Cuautitlán y de las zonas que hoy corresponden a los estados de Morelos y Guerrero.


Sin embargo, el resentimiento de otros pueblos anteriormente sometidos por Tenochtitlan ponía trabas a la unión contra el ejército extranjero. Incluso, antes que unirse a los mexicas, muchos preferían aliarse a los españoles. El campo de batalla se estaba configurando.

Conoce más…

acerca de la defensa que los mexicas hicieron de su ciudad con la presentación del libro 500 años de la batalla por México-Tenochtitlan, del historiador Enrique Semo.

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El cerco y los bergantines

En Tlaxcala, los españoles habían logrado construir un astillero, del que salieron trece bergantines dispuestos a hostigar por agua a la ciudad lacustre. A su vez, Cortés y los tlaxcaltecas habían logrado aliarse con la ciudad de Texcoco y, poco después, estrecharían lazos con Xochimilco y Chalco.


Fortalecido con miles y miles de guerreros mesoamericanos, Cortés se dispuso a establecer un cerco a Tenochtitlan en el valle de México. Sus ejércitos arrasaron con pueblos enteros, aunque fueron repelidos en algunas ocasiones, como en el caso de Iztapalapa y Tacuba. No obstante, el cerco de los españoles se extendía hacia el sur, y cada vez acaparaba más ciudades, como Oaxtepec, Yecapixtla, Tepoztlán y Cuernavaca.

Uno de los bergantines de Cortés, imagen basada en el Códice Florentino.

Una vez rodeada Tenochtitlan, fue momento de echar al agua los bergantines desde Texcoco: el cerco estaba prácticamente completo, tanto por tierra como por agua. A borde de cada embarcación iban unos veinticinco soldados, armados con ballestas y escopetas. Al mismo tiempo, las huestes que iban por tierra, se apostaron en tres de las cuatro salidas de Tenochtitlan: Tacuba, al poniente; Coyoacán, al sur, e Iztapalapa, al oriente. Como una incitación a la huida mexica, Cortés dejó libre el camino hacia el norte, donde se encontraba el pueblo de Tepeyac; pero poco después, al ver que la población seguía en la ciudad, cerró también el paso del norte.

Entrada del ejército invasor, imagen basada en el Códice Florentino.

La resistencia

Tenochtitlan estaba en jaque, y por si fuera poco, los enemigos habían cortado el suministro de agua potable al atacar el acueducto de Chapultepec. Sin agua que beber, cada vez con menos alimentos, padeciendo los estragos de una epidemia y completamente rodeados, a los mexicas sólo les quedaba pelear.

 

Los ejércitos entraron en Tenochtitlan. La batalla por la ciudad comenzó con embestidas de caballería y piedras que caían desde las azoteas. Los mexicas clavaban lanzas en el agua para impedir el paso de los bergantines. Los sacerdotes arengaban a los guerreros golpeando los tambores desde lo alto del templo de Huitzilopochtli. En algunas ocasiones, Cortés tuvo que llamar a la retirada. Cada contrincante que caía, aún con vida, en manos mexicas era ofrecido al sacrificio.


Cabezas de españoles, tlaxcaltecas y caballos fueron decorando un tzompantli que servía para intimidar a los invasores. La unión de los mexicas y la determinación de morir antes de ser sometidos hicieron mella en Cortés, quien tuvo que detener los ataques por unos días para ajustar su estrategia.

Captura de un soldado español, imagen basada en el Códice Florentino.

Tzompantli, imagen basada en el Códice Florentino.

¿Dónde pasó?

Tlatelolco y sus alrededores fueron el escenario de las últimas batallas entre españoles y mexicas. Andar por este territorio significa seguir, de manera involuntaria, las huellas de Cuauhtémoc en las últimas horas de la resistencia.


Visita y recorre de manera virtual los lugares donde ocurrieron estos hechos dando clic aquí.

Batalla por Tenochtitlan, imagen basada en el Códice Florentino.

Piedra sobre piedra


El 20 de julio de 1521, luego de algunas derrotas parciales en las que los mexicas demostraron un arrojo reconocido por los contrarios, Cortés reanudó los ataques, esta vez, con mayor feracidad y con la voluntad de arrasar por completo la ciudad. La instrucción era no dejar piedra sobre piedra de lo que antes fuera la gran Tenochtitlan.


Los tenochcas, en resistencia, tuvieron que refugiarse en Tlatelolco. Para entonces, los cuerpos de los combatientes entre los escombros, sobre las calles, el hedor, la sed y el hambre, calaban en la esperanza del pueblo mexica.


El martes 13 de agosto de 1521, ejércitos de Cortés ocuparon militarmente el último barrio de Tlatelolco y exterminaron a gran parte de los mexicas que ahí resistían. Una canoa fue interceptada en las aguas, transportaba al último tlatoani, Cuauhtémoc, que reconociendo la derrota estaba dispuesto a entregarse.


Según las fuentes de la época, el joven “águila que cae” fue llevado ante Cortés. Frente a frente, tomó un puñal que el español llevaba consigo y le pidió que le quitara la vida. Había hecho todo lo que estaba en sus manos para evitar la caída de Tenochtitlan, pero no lo había logrado. Ahora le tocaba morir, como cualquier guerrero, mujer, niño o anciano de su pueblo; pero Cortés, ignorando el código de honor mexica, lo tomó preso. Tenochtitlan había caído.

Sentidos de la historia

En La captura de Guatimoc en la laguna de Texcoco, el artista Luis Coto (1830-1891) plasma un paisaje abierto en cuyo centro se aprecia una embarcación mexica. Al fondo de la obra, alcanzan a distinguirse algunos cuerpos montañosos de los alrededores de la Ciudad de México, tales como el volcán Teuhtli, a la derecha, y el Popocatépetl e Iztaccíhuatl, al centro y a la izquierda. Un acercamiento a la parte central del cuadro permite observar al tlatoani Cuauhtémoc en diálogo con Cortés.

Los ademanes de los personajes centrales, ambos respaldados por sus huestes, otorga dramatismo a la escena que marcaría la caída de Tenochtitlan. La mano derecha de Cuauhtémoc apunta hacia al agua, quizás en alusión a la pérdida del territorio de la ciudad que dirigió. Por su parte, Cortés porta envainada su arma, misma que, según las fuentes históricas, el tlatoani señalaría para pedir su muerte.

La captura de Guatimoc en la laguna de Texcoco, de Luis Coto.

Las mujeres en la historia:

las tenochcas

La historia, escrita principalmente por hombres y centrada en los personajes protagónicos, tiende a oscurecer algunos sucesos, quizás por ser considerados “menores” desde un punto de vista bélico. Tal es el caso de las mujeres de Tenochtitlan, quienes ante la entrada de los invasores a la ciudad defendieron heroicamente su causa tomando las armas.


Fue principalmente con hondas y piedras, desde las azoteas de la ciudad lacustre, desde donde hirieron a los enemigos que, estupefactos, no daban crédito al notar que las mujeres se habían unido a la batalla, engrosando las filas de la resistencia y con la misma disposición a morir que los hombres guerreros.


Son pocas las menciones que se hallan sobre este episodio de la heroica defensa de Tenochtitlan. Sin embargo, cabe destacar que hay una historia soterrada, fuera de los parámetros de los grandes acontecimientos relatados en los libros, que muchas habrá que imaginar con mayor esfuerzo.

Mujeres participan en la guerra desde las azoteas, imagen basada en el Códice Durán.

Historias ausentes

Imagina que Cuauhtémoc y su pueblo, en lugar de optar por la resistencia, hubieran decidido entregarse. ¿Qué hubiera cambiado para la sociedad novohispana y para los ciudadanos actuales de la Ciudad de México? ¿Tenochtitlan seguiría en pie?

Mirada ampliada

Te invitamos a profundizar más en el tema de la heroica defensa de Tenochtitlan. La Red de Bibliotecas Públicas de la Ciudad de México tiene entre su acervo algunos títulos que te permitirán ampliar la mirada. Te recomendamos:

Pereyra, Carlos, Hernán Cortés, Ciudad de México, Ciudad de México, Porrúa, 1985.

Prescott, William, Historia de la Conquista de México, Ciudad de México, Porrúa, 2000.

Libro de visitas

¡Muchas gracias por visitarnos! Nos interesa conocer tu experiencia en el recorrido.

Créditos

Rosaura Ruiz Gutiérrez

Secretaria de Educación, Ciencia, Tecnología e Innovación

Uladimir Valdez Pereznuñez

Subsecretario de Educación

Angélica Antonio Monroy

Directora de Acervo Bibliohemerográfico

Dirección del proyecto: Angélica Antonio Monroy

Textos e investigación: José Pulido Mata

Ilustraciones y diseño: Emmanuel Peña Martínez

Diseño web: Alvar Villa Martínez, José Pulido Mata

y Emmanuel Peña Martínez

Colaboradores de la sección “Mirada Ampliada”: María de Lourdes Arellano Esteban, B. C. D. de Tlalpan, alcaldía Tlalpan / Andrea González Martínez, B. P. Juventino Rosas, alcaldía Gustavo A. Madero / Norma García Azpeitia, B. P. Jesús Reyes Heroles, alcaldía Cuauhtémoc / Josué Javier García Hernández, B. P. Lic. Emilio Portes Gil, alcaldía Coyoacán

Fuentes consultadas

Chinchilla, Perla, Del Plan de Iguala a los Tratados de Córdoba, Ciudad de México, Secretaría de Cultura, 2021.


Marina Arrom, Silvia, “La Güera Rodríguez: la construcción de una leyenda”, disponible en <https://historiamexicana.colmex.mx/index.php/RHM/article/view/3972/3956>.


Navarro y Rodrigo, Carlos, Vida de Agustín de Iturbide / Memorias de Agustín de Iturbide, Madrid, Editorial América, 1919.


Pesado, José Joaquín, El libertador D. Agustín de Iturbide, Ciudad de México, La Voz de México, 1872.


Un Verdadero Americano, Bosquejo ligerísimo de la Revolución de México, desde el grito de Iguala hasta la proclamación imperial de Iturbide, Philadelphia, Teracrouef y Baraoajeb, 1822.